sábado, 12 de noviembre de 2011
domingo, 6 de noviembre de 2011
INTRODUCCIÓN VIOLENCIA INTRAFAMILIAR
Cuando el modelo social está impregnado de egoísmo, autoritarismo, avasallamiento, simulación, se está cimentando las bases de una sociedad violenta. Bajo estas condiciones es de esperar una asimetría en las relaciones humanas, en las cuales uno es el dominador y otro el dominado.
Se establecen pautas de comportamientos, pautas específicas, que sé habitualizan. Estas pautas determinan roles o formas de comportamiento, que van desde el nacimiento del ser humano y sé interrelacionan con el orden social y cultural. Toda cultura tiene una configuración sexual definida, tiene sus propias pautas de comportamiento. Este orden social es un producto del hombre, realizado en el curso de su externalización, no se da ni deriva de datos biológicos, existe únicamente por la actividad humana, no forma parte de la naturaleza de las cosas y no puede derivar de leyes de la naturaleza, este surge de las necesidades del hombre.
A través de la institucionalización del Orden Social, el individuo educa (socializa), a las nuevas generaciones, mientras más se institucionalizan las decisiones y el comportamiento más previsible y más controlado se vuelve el individuo. El individuo comienza a gestar su personalidad y sus pautas de comportamientos conforme al medio, la familia, la escuela, el estado y la religión. Es decir el hombre adquiere normas de conducta o pautas de comportamiento que las introyecta en su vida, entonces se hace difícil en ciertos comportamientos o actos poder cambiar las costumbres.
Es así que nuestra sociedad se organizó una forma de supervivencia según una división social de las labores que renovó la ideología de la inferioridad femenina. El hombre saldría a la calle a buscar trabajo, a luchar por el poder, a discutir sus ideas y proyectos. El hogar aislado y tranquilo sería el lugar en el que la mujer desarrollaría las tareas de mantenimiento cotidiano y la crianza de los hijos. Allí el hombre encontraría el refugio, comodidad y muchos servicios que ya no tendría que compartir, pues él vendría cansado de la calle. La salida del hombre de la economía hogareña para pasar al ámbito industrial y comercial, separó los sexos y los identificó según el sitio de trabajo, dando origen a otro mito: " Cosas de hombres-Cosas de mujeres".
El género masculino asumió el espacio externo como propio, la competencia laboral, y la responsabilidad principal de responder a las necesidades familiares trabajando duro. Así el desempeño del hombre fuera de la casa, o sea en lo público logró éxitos, este desempeño comenzó a ser una medida de masculinidad, ser un verdadero hombre consistía en ganar plata y mantener bien la familia, con lo que comenzó a gestar el poder masculino.
El género femenino quedó asociado con lo doméstico y lo privado. La mujer quedó confinada a la casa, los niños y las labores consideradas femeninas, negarse a ello es exponerse a ser censurada por una grave falta social.
MUJER MALTRATADA
Varios son los factores que han contribuido a que los contornos del fenómeno se expongan a la luz pública denunciado por la mujer, diversos son también los elementos que ayudan a que el silencio de la víctima sea un obstáculo en la búsqueda de vías de solución para numerosos casos de violencia contra las mujeres.
Entre los elementos que se mantienen en la mujer en silencio sobre el maltrato que ésta sufriendo, se pueden contar diversos procesos paralizantes relacionados y generado por el miedo, la percepción de una ausencia de vías de escape o salida por parte de la víctima, y la carencia de recursos alternativos, sobre todo en el caso de mujeres con hijos que no vislumbra, por causas variadas, un apoyo externo viable.
Sin embargo, mujeres que trabajan o tienen cierta independencia económica, continúan en relaciones donde sufren violencia. Estas mujeres, que desarrollan actividades, siguen conviviendo con agresores, y no intentan abandonar la relación. Al contrario este tipo de mujeres más independientes, tienden a desarrollar un vínculo más afectivo y más fuerte con el agresor, retirando sus denuncias, defendiendo sus razones, o deteniendo procesos judiciales en marcha al declarar a favor de sus agresores antes de que sean condenados.
Algunos teóricos, explican estos acontecimientos apelando a claves afectivas o emocionales que aparecen en el contexto del entorno traumático. Han descripto un escenario en el que dos factores, el desequilibrio del poder y la intermitencia en el tratamiento bueno-malo, generan en la mujer maltratada el desarrollo de un lazo traumático que la une con el agresor a través de conductas de docilidad. El abuso crea y mantiene en la pareja una dinámica de dependencia debido a su afecto asimétrico sobre el equilibrio de poder, siendo el vínculo traumático producido por la alternancia de refuerzos y castigos.
Es la incertidumbre asociada a la violencia repetida e intermitente un elemento clave en el camino hacia el desarrollo del vínculo, pero no su causa única. Se da en estas relaciones un tipo de estado disociativo que lleva a la víctima a negar la parte violenta del comportamiento del agresor, mientras desarrolla un vínculo con el lado que percibe más positivo, ignorando así sus propias necesidades y volviéndose hipervigilante ante las de su agresor.
Un aspecto que pudiera parecer paradójico es que este silencio no siempre correlaciona con mujeres económica o socialmente dependientes de sus parejas sentimentales, sino que a veces mujeres que podrían ser autosuficientes en el terreno laboral o personal continúan en el domicilio o contexto de convivencia de la pareja donde están siendo maltratadas, alimentando así una extraña dinámica de traumáticas consecuencias.
Así comenzando las primeras agresiones durante el noviazgo o los meses iniciales del matrimonio, lo usual es que el escenario de violencia se prolongue durante años hasta que la mujer es capaz de reaccionar o uno de los miembros de la pareja muere. (generalmente la mujer)
INFLUENCIA CULTURAL
A las mujeres en esta sociedad se les enseña para ser sumisas ante los hombres, aunque también existen hombres con estas características. La persona que ha aprendido a someterse, intenta agradar al otro, dándole normalmente lo que la persona que tiene más poder pide. Toda su atención, se centra en la otra persona, en el bienestar del otro y en satisfacer todos sus deseos. Puede sacrificar todas sus actividades, relaciones personales, amistades, formas de comportamiento por los deseos del otro. Su mayor demostración de amor, olvidarse de sí mismo/a y atender a los demás. El mayor temor de la persona sometida es que la abandonen, que la rechacen, ya que no ha aprendido a valorarse a sí misma, sino que ha aprendido a mirar fuera de sí misma y depende del reconocimiento del poderoso para valorarse
Así mismo la persona que domina, depende de la persona a la que somete, ya que se nutre de su admiración y reconocimiento. Sin la aprobación y el reconocimiento de la otra persona, no es “nadie”. La persona sometida le ofrece diferentes servicios (cocinar, limpiar, lavar, sexo cuándo y cómo lo desee etc.) La persona dominante ocultará su dependencia hacia la otra persona, pero en el fondo sentirá lo mismo que la persona que se somete: miedo intenso al rechazo y al abandono.
Estas relaciones donde predomina la dependencia afectiva, donde el amor es condicionado, donde no se entiende a la libertad individual como parte de la relación amorosa, son un peligroso caldo de cultivo para que se brote la violencia intrafamiliar. Se habla de desigualdad respecto a las relaciones de poder y de control (del amor, sexo, dinero, relaciones sociales, trabajo, cuerpo, forma de vestir)
El germen de la violencia comienza con una relación desigual, donde uno tiene la razón y el otro se la tiene que da, está en la obligación de dársela.
La persona que adquiere el papel de indefensa, siente que es lo mejor que puede hacer en ese caso para demostrarle a la otra persona que le quiere y que se interesa de verdad por ella. El hecho de no protestar, de no ser asertiva, de no defender sus propios intereses es reforzado por una palmada en la espalda “Sé buena y haz lo que te digo…”
A los hombres en general (también pueden ser mujeres) se les ha enseñado a mandar. Culturalmente están predeterminados a dominar, a sentirse con derecho a poseer a la mujer y “hacerla suya”. Dependen de ellas para sentirse fuertes, para sentirse hombres, como le han enseñado que debe sentirse un hombre. Se hace presente la rabia de no valerse por ellos mismos y se manifiesta la violencia oculta y exigente que genera tensión y sufrimiento entre las personas.
En las relaciones de codependencia se da lo que se ha denominado “Mercantilismo afectivo”, si tú me das lo que necesito, te daré amor y reconocimiento, si no me das lo que quiero te rechazaré e incluso te odiaré, y es aquí donde aparece la violencia. En una pareja que se base en la dependencia afectiva todo irá bien mientras uno mande y otro obedezca, si no es así, la cosa empezará a ir mal. Puede que el mande, si no le obedecen se enfade y agreda verbal o físicamente al otro.
En la dependencia afectiva, aparece una baja autoestima por parte de la persona violentada, un complejo de inferioridad y sobre todo una falta tremenda de responsabilidad personal. Falta de riesgo a la hora de tomar decisiones e inseguridad personal.
domingo, 2 de octubre de 2011
DISTORSIONES COGNITIVAS ( I )
DISTORSIONES COGNITIVAS
FILTRAJE. Deja pasar cierta información, una sola parte, detalles de un conjunto. Su interacción se basará en detalles, un pedazo por el todoConsiste en seleccionar en forma de “Visión de túnel” un solo aspecto de una situación, aspecto que tiñe toda la interpretación de la situación y no se percata de otros que la contradicen. Se filtra lo negativo, lo positivo se olvida. “No puedo soportar esto…” “No aguanto que…” “Es horrible…” “es insoportable”
POLARIZACIÓN. Pensar en bueno y malo; bien – mal. Se piensa en extremos, se lo toma como certeza, no hay puntos medios. Valora los acontecimientos en forma extrema sin tener en cuenta los aspectos intermedios. “Sólo me pasan cosas malas”, “Soy un incompetente”
SOBREGENERALIZACIÓN. El sujeto toma una suficiente cantidad de antecedentes, preexistentes o toma muy pocas para llegar a conclusiones extremas. Se toma al 100% de la población, lo cual es una distorsión “Nadie”; “Todos”; “Siempre”; “nunca”; “ninguno”. Se saca una conclusión general de un solo hecho particular sin base suficiente. “nunca conseguiré empleo”; “siempre estaré así.
INTERPRETACIÓN DEL PENSAMIENTO. Cree que tiene la posibilidad a partir de ciertos elementos pautas, interpretar lo que piensa y siente otro. Estos detalles no son una prueba, parecen, pero el sujeto lo asume como certeza. El sujeto a partir de detalles, interpreta a nivel subjetivo. Se hacen presunciones sobre el otro.Se refiere a interpretar sin base alguna los sentimientos e intenciones de los demás. A veces, esas interpretaciones se basan en la proyección, como si los demás fueran similares a uno mismo“Se que piensan mal de mi”; “se que me está mintiendo y engañando”; “eso es porque…”; “Eso se debe a…”; “Se que eso es por…”
VISIÓN CATASTRÓFICA. Es ver todo lo relacionado al estímulo como fatalista, es un daño supremo “y si...” se da como posibilidad, vista de manera catastrófica, terrible e insoportable para el sujeto. Consiste en adelantar acontecimientos de modo catastrofistas para los intereses personales, en ponerse sin prueba alguna en lo peor para uno mismo. “Y si me ocurriera a mi…”
PERSONALIZACIÓN. Las situaciones están ligadas a él, se atribuye las cosas malas “Todos yo” culpas, todo el entorno le quiere hacer daño. Consiste en el hábito de relacionar sin base suficiente, los hechos del entorno con uno mismo. “Se que lo dice por mi”. Una forma de personalización consiste en el hábito de compararse con otras personas de manera frecuente: “Soy menos que…”; “Lo dice por mí…”; Hago esto mejor (o peor) que…”
FALACIA DE CONTROL. El sujeto asume la creencia de poder y control, o que otro tiene un poder definitivo sobre el sujeto o que el sujeto tiene un control absoluto sobre el otro (Se usa en el ámbito religioso). Es difícil trabajar en terapia cuando el que influye es externo al sujeto y no así cuando el cree que influye en el otro. Consiste en como la persona se ve a sí misma de manera extrema sobre el grado de control que tiene sobre los acontecimientos de su vida. O bien la persona se cuele creer muy competente y responsable de todo lo que ocurre a su alrededor, o bien en el otro extremo se ve impotente y sin que tenga ningún control sobre los acontecimientos de su vida. “Si otras personas cambiaran de actitud yo me sentiría bien”; “Yo soy responsable de…”; “solo me sentiré bien si tal persona cambia…”
domingo, 25 de septiembre de 2011
CAPACITACIÓN EN GÉNERO (III)
Otros conceptos importantes a los que tenemos que recurrir al momento de capacitarnos en este tema de género, reconstrucciones, igualdad, respeto, autonomía, del hombre y la mujer son, condición de la mujer, situación de la mujer y el machismo. Una vez que desarrollemos estos tres conceptos, Podremos pasar a uno de los aportes grandes que hizo el feminismo y es la caracterización de la sociedad capitalista, como patriarcal, la cual se sustenta en cuatro pilares y hace que las cosas que he estado escribiendo a lo largo de estas líneas se mantengan, por lo cual cualquier cambio que queramos hacer para lograr la igualdad, respeto, autonomía entre hombres y mujeres debe estar dirigido a lograr el cambio del patriarcado en esencia, no a su acomodación, ni modificación paulatina, sino más bien a un cambio estructural.
Cuando me refiero a
Tenemos también el término MACHISMO, que es una sobrevaloración a la condición de tener pene y testículos, lo cual hace que se menosprecie a las mujeres o lo femenino. Desde todo punto de vista tiene una connotación negativa, pues defiende la superioridad del hombre sobre la mujer, como una cosa dada por la naturaleza, inmutable e inamovible. Esto hace que muchos hombres se sientan AUTOAFIRMADOS, por nacer en un género privilegiado, superior, histórico y poseedor de todos los valores, y denigren porque otras personas nacieron de otro género, por el simple hecho de tener vulva y vagina y no pene y testículos como estos.[1]
En este punto y ya a entrando a la recta final de esta exposición es importante explicar e. término PATRIARCADO, que es una organización social caracterizada por la presencia dominante del hombre como padre y líder de la familia sobre otros miembros. La manifestación y la institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y los/as niños/as en general. Este concepto fue utilizado para describir a la sociedad actual en la que vivimos por las feministas.
Con el término patriarcado también se hace referencia a la condición sociológica en que los miembros masculinos de una sociedad tienden a predominar en posiciones de poder; mientras más poderosa sea esta posición, más probabilidades que un miembro masculino retenga esa posición.
Al hablar del patriarcado no se buscan culpables, sino que se trata de comprender por qué pasan muchas de las cosas que les pasan a las mujeres. Y a los varones. Aunque podemos decir, por un lado, que la sociedad es la suma de las actuaciones de cada uno de los individuos que la componen, por otro lado también es verdad que las estructuras sociales influyen en el comportamiento individual, a veces condicionándolo muy fuertemente. Aquí no se sabe bien qué es antes, si el huevo o la gallina, la estructura social o el comportamiento individual. Pero esta es la diferencia entre machismo y patriarcado: mientras que el machismo es una actitud y una conducta (individual o colectiva), el patriarcado es toda la estructura social en la que muy diversos factores se entrelazan y refuerzan mutuamente para hacer posibles las actitudes y conductas machistas: categorías conceptuales, esquemas de percepción, universo simbólico, leyes, costumbres, instituciones, organización económica, educación, publicidad, etc., No hay que olvidar que el patriarcado tiene también un montón de aspectos y consecuencias negativas para los varones[2]
La sociedad patriarcal considera que la mujer carece de relevancia y de valía en comparación con el hombre, y que son éstos los que deben ocupar predominantemente los puestos de mayor poder.
El origen de esta desigualdad está en los pueblos primitivos en donde por las condiciones adversas de la naturaleza y las herramientas precarias de las que disponían, era el hombre el que salía a buscar el alimento, ayudado por su fortaleza física, mientras que la mujer permanecía cuidando de los hijos y con una servidumbre casi permanente a su cuerpo a causa de la menstruación, el embarazo y el parto.
Desde mi experiencia puedo sostener que el Patriarcado se sostiene bajo cuatro ejes muy importantes que son:
Ø Androcentrismo
Ø Homofobia
Ø Sexismo
Ø Heterosexualidad Compulsiva
Ø Misoginia
Al hablar de ANDROCENTRISMO me refiero a que en la sociedad que vivimos todo se ha centrado en el hombre, desde el lenguaje hasta la economía. Es decir, define la mirada masculina en el centro del universo, como medida de todas las cosas y representación de la humanidad, ocultando cualquier otra realidad. El hombre es la referencia y se la mujer es lo otro, en este sentido cualquier cosa que le pase a la mujer termina siendo trivializado, banalizado o no darle la relevancia e importancia que corresponde.
El SEXISMO hace referencia a una lucha permanente y constante de creer o suponer que un sexo es mejor que el otro y usualmente se supone que el masculino es mejor que el femenino. Es una actitud o una acción que disminuye, excluye, discrimina, estereotipa, a las personas de a cuerdo con su sexo, es una tendencia que favorece a un sexo en detrimento del otro. En nuestra cultura patriarcal se favorece al sexo masculino.
La utilización de este concepto indica que la sociedad ya ve las diferencias que inferiorizan al sexo femenino no mas como emanentes de la voluntad de Dios o de un orden natural basado en la biología, sino como el resultado de un tratamiento socio cultural impuesto a las mujeres.
Este sexismo se expresa en las prácticas, los preconceptos y las ideologías que desvalorizan e inferiorizan a un sexo respecto al otro y en nuestra cultura a las mujeres con relación a los hombres.
Algunos de los elementos o factores que hacen que las personas desarrollen en sus vidas la homofobia se puede deber al hecho de la existencia exclusiva de dos sexos, y eso ni yo ni nadie creo que lo pueda negar. Porque solo tenemos dos sexos uno de vagina y vulva y el otro de pene y testículos, no existen más, o por lo menos yo no los he visto, pero lo cual no significa que no exista diversas maneras sociales – culturales y sexuales de vivir ese ser biológico, que no necesariamente es heterosexual. Entonces las personas bajo ese discurso que solo hay dos sexos erigen un sin fin de objeciones y argumentos en contra de las personas homosexuales.
Quien no ha escuchado, los maricones, homosexuales antes no se los veía, ahora hasta en la tele salen les dan espacio esto es ya la desintegración y decadencia moral de la civilización, dan tanto poder a los/as homosexuales que los responsabilizan de la desintegración de la moral del mundo, cuando deberíamos preguntarnos, cuántos heterosexuales, golpean a sus hijo/a, son infieles, son corruptos, abusan de mujeres, niños/as, ancianos/as y otros hombres por tener el poder centrado en ellos. Cuantos heterosexuales abandonan a sus hijos/as, los golpean, etc. Y sin embargo lo quieren reducir todo el mal social a los homosexuales.
[1] No me incluyo en esta parte y hago la aclaración porque yo al tener un cuerpo biológico con pene y testículos, soy mucho mas que ellos, ya que como digo muchas veces. Soy hombre, pero no por lo que tengo entre las piernas, sino por lo que siento, creo y pienso, y sobre todo por lo que amo y a quien amo.
[2] Mª Luisa Montero García-Celay y Mariano Nieto Navarro, EL PATRIARCADO: UNA ESTRUCTURA INVISIBLE. Julio, 2002
domingo, 18 de septiembre de 2011
CUARTO DÍA (Extracto UNA VIDA CON PROPÓSITO)
CREADOS PARA VIVIR POR SIEMPRE
Esta vida no lo es todo. La vida aquí en la tierra es sólo el ensayo antes de la verdadera actuación. Estarás mucho más tiempo al otro lado de la muerte, en la eternidad, que aquí. En la tierra, como máximo, vivirás cien años, pero en la eternidad vivirás para siempre.
ECLESIATES 3:11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.
Tienes un instinto innato que anhela la inmortalidad. La razón de esto es que Dios te hizo a su imagen para vivir eternamente. Aunque sabemos que todos hemos de morir, la muerte siempre parece injusta e ilógica. Pensamos que deberíamos vivir para siempre por la sencilla razón de que Dios ha implantado eso en nuestros cerebros.
La vida terrenal nos brinda muchas opciones, pero la eternidad sólo nos da dos: el cielo o el infierno. Tu relación con Dios en la tierra determinará el tipo de relación que tendrás con él en la eternidad. Si aprendes a amar y a confiar en Jesucristo, el Hijo de Dios, tendrás la invitación para estar toda la eternidad con él. Por otro lado, si rechazas su amor, perdón y salvación, pasarás la eternidad apartado de Dios para siempre.
Una vez que comprendes que la vida es más que vivir el aquí y ahora, que es una preparación para la eternidad, entonces comienzas a vivir de una manera diferente. Cuando vives a la luz de la eternidad, tus valores cambian, y eso te da la pauta de cómo manejar toda la relación, tarea y circunstancia. De repente muchas de las actividades, metas, incluso problemas, que parecían muy importantes, se tornarán triviales, pequeños e insignificantes, como para que les prestes atención. Cuanto más te acercas a Dios, más pequeñas se ven las cosas.
FILIPENSES 3:7 Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.
La muerte no es tu acabose, más bien es tu transición a la eternidad; de manera que hay consecuencias eternas por todo lo que hagas en la tierra. Todo acto en nuestras vidas toca alguna cuerda que vibrará en la eternidad.
Ya que fui creado para vivir para siempre
¿QUÉ DEBERÍA DEJAR DE HACER, Y QUÉ DEBIERA COMENZAR A HACER HOY?
domingo, 11 de septiembre de 2011
LA MAYORÍA NO SIEMPRE TIENE LA RAZÓN

LA MAYORÍA NO SIEMPRE TIENE LA RAZÓN
(extracto)
La democracia tiene una regla: que mande la mayoría. Pero la mayoría no siempre tiene la razón. Puede estar equivocada y, lo peor, ser injusta con la minoría... El más fuerte persigue al más débil y la mayoría a la minoría. Con la diferencia de que hoy se dispone de medios masivos para hacerlo y los efectos son más devastadores.
La mayoría puede estar equivocada y ser injusta con sus minorías, aunque les acompañe la razón del mayor número y se amparen incluso en la democracia.
Sea por la opinión política, sea por la identidad, en los países democráticos persiste el peligro de trato antidemocrático hacia la minoría y el individuo.
La mayoría en la democracia no es ningún valor en sí mismo. Los valores democráticos son la libertad y la igualdad, a cuyo servicio la democracia no encuentra una regla mejor que la de decisión por el mayor número. La mayoría no es más respetable que la minoría o que uno solo. Se la respeta porque representa la regla de decisión democrática que impide que sólo manden uno a unos pocos. Si la mayoría pone fin a estos valores, se acabó la democracia, por más que se haya respetado su regla.
EDWARD FORSTER “Dos brindis por la democracia; uno, porque ella admite la variedad y, dos porque permite la crítica”
La mayoría democrática no es mayoría por ser los más ni los más fuertes, sino porque así se protege mejor la libertar y la igualdad. Si mandaran sólo uno a unos cuantos, estos dos valores básicos existirían en mucho menor grado y en mucha menos gente que lo hacen en una democracia. La democracia se opone al poder absoluto, incluido el de la mayoría.
Los actos de una democracia no siempre garantizan la libertad y la igualdad que habrían de defender. En este sentido, la mayoría puede a veces no tener razón y su gobierno merecer nuestro desacato. Sólo entonces la desobediencia está justificada. Nos oponemos al poder de la mayoría democrática, pero no a los valores básicos de libertad e igualdad que ella no ha garantizado.
Hay que ser consecuentes y dejar bien claro desde el principio que no nos oponemos a la democracia, sino a los actos de gobierno de la mayoría. Nuestra resistencia debe ser pacífica y tratar de agotar todas las formas legales que la misma democracia establece para ser criticada y puesta a prueba. Y sobre todo, debe estar motivada por la defensa de los valores democráticos, cuya ausencia es justo lo que reprochamos a la mayoría.
En una democracia se trata de saber hasta qué punto gobernantes y gobernados pueden soportar el pensamiento libre, ellos que presumen de libertad de pensamiento, y la igualdad de hecho, tan partidarios como se dicen de la igualdad de oportunidades. A diferencia de las demás, una política democrática siempre está dispuesta a ponerse a prueba. La libertad y la igualdad son su única y permanente prueba de fuego. Superada ésta, el resto de desafíos son más fáciles de resolver.
La mayoría puede intervenir sobre la sanidad y la educación, pero no decidir qué es la salud o la cultura. Puede controlar el bienestar y la ciencia, pero no definir qué son la felicidad y el conocimiento. La libertad y la igualdad no dependen del número de sus partidarios. Cuando la mayoría se empeña en lo contrario, y quiere dictar sobre la identidad y los estilos de vida, lo mejor acaba resultando enemigo de lo bueno. Decidir por mayoría, está al servicio de los valores fundamentales, no éstos a disposición del criterio mayoritario. Si fuera así, no habríamos entendido nada sobre el valor de la democracia.
Ni todo lo decide la mayoría, ni ésta tiene siempre la razón. No basta con opinar, la democracia se funda también en la discusión. Ambas cosas no pueden ser sustituidas por la opinión pública, que en realidad no pertenece ni representa al público, sino a los propietarios de los medios que hablan en su nombre, o que tratan de influirla, mediante anónimas encuestas, dudosos sondeos y artificios audiencias. En ninguna de estas escaramuzas aparecen ciudadanos/as, sino sólo consultados/as o peor espectadores/as. Hay que discutir sobre ideas y programas, sirviéndonos de hechos y argumentos.
La democracia no nos viene dada. Empieza con cada acto en su favor, por modesto que parezca. Y termina cuando renunciamos a ser libres y a ver al otro como un igual.
BIBLIOGRAFÍA
BILBENY, NORBERT. Democracia para la diversidad. Barcelona. 1999